Me parece que todo ser humano tiene, en su alma, un sonido muy bajito, su nota. Es el sonido de su singularidad, de su ser, de su esencia. Y si la sonoridad de los actos del ser humano no coincide con ese sonido, con esa nota, esa persona no puede ser feliz.
(en la película Sin testigos, de Nikita Mijalkov, 1983)
Cortometraje titulado "una centésima de segundo"
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